Cierra los ojos un momento, y piensa en un producto que te guste.
Ahora intenta imaginar el viaje que hace ese producto.
Desde que nace hasta que llega a tus manos.
Seguro que eres capaz de imaginar los paisajes de ese recorrido, de ver los rostros que ve.
Puedes escuchar sus voces, el aire, el sonido ambiente.
Puedes incluso sentir la velocidad del viento acariciándote la cara, rozándote los brazos.
Esas imágenes que acabas de ver tienen mucho valor.
Ese viaje ha sucedido de verdad. Y en el mejor de los casos, ha habido cariño en todo el proceso.
Los buenos productos comparten por lo menos dos claves, que son: el cariño por el origen y el cariño por el destino.
Espero, que todos los productos que llegan a tus manos reflejen de algún modo ese cariño.
Y que una vez lo hayas recibido, ese cariño, te conviertas en el origen del siguiente viaje.
Con cariño,
